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El Valle de las Almas Rotas (Relato)

Diciembre 7, 2008

valle

Cuenta una antigua leyenda que existe un lugar conocido como “El Valle de las Almas Rotas”, un lugar misterioso que quien se aventura a entrar jamás sale con vida. Cada uno cuenta a su manera las trágicas historias que allí pasaron, un lugar lleno de misterio, un lugar tétrico que solo de oír hablar de él te hace estremecer hasta lo más profundo de tus entrañas.

Según se oye, según se dice, ese lugar fue visitado por un sinfín de almas sin pena, almas perdidas en un mundo caótico, que por más que buscaban volver al camino que tanto anhelaban, que tan feliz les hacía, mas se dañaban, hasta el punto de convertirse en sombras que deambulaban por la oscuridad de la noche, alejándose de toda luz para sentir-se abrazadas por el cálido abrazo de la oscuridad. Almas que atravesaban un largo camino, desde los rincones más inverosímiles de este mundo, para contemplar su fin, contemplar el final de su camino.

Nadie sabía cómo encontrar exactamente ese lugar, dicen que cuando dejabas de existir como persona en este mundo, ese lugar te llamaba. Te atraía lentamente hacia él, según dicen con una voz cálida, una voz llena de esperanza,… un susurro que te hacia alejarte de la melancolía que te envolvía y te aprisionaba hasta dejarte sin el ultimo soplo de aire en tus pulmones.

Las voces dicen que cerca de ese lugar había un pequeño poblado, en el cual jamás se podía vislumbrar un rayo de sol, tan solo se podía ver un haz de luz que se filtraba por alguna rendija de alguna casa medio a tapiada por miedo a lo que divagara por el exterior pudiera hacer acto de presencia en su interior. Dicen que ese pueblo era la última esperanza, que era el último punto de retorno, para volver a la vida, un lugar llamado la “Posada” donde las almas perdidas pasaban su última noche en vela pensando detenidamente si volver a tener esperanza o dejarlo todo atrás y seguir con su cometido.

La mayoría, llamadas por la dulce y fúnebre melodía de aquel recóndito lugar no resistían proseguir ese camino y renunciar a toda esperanza de recuperar lo perdido. Cuando el sol a duras penas intentaba filtrar algún haz de luz entre la densidad de las nubes, estas almas ya habían marchado para proseguir su camino y jamás mirar atrás.

Dicen que estos seres tenían forma humana, que a duras penas se podía distinguir en la oscuridad algunos rasgos de la cara. Tenían los ojos oscuros, apagados,… dicen que de tanto dolor, que de tanto llorar las lágrimas les cegaron y desde ese día llevan los ojos cerrados. Una cara pálida en el cual se distingue una tenue nariz que lentamente exhala suspiros fríos de aire y una boca cosida con hilo para jamás poder decir ni una palabra.

Dicen la leyenda que nadie volvió de ese lugar… pero algún valiente dice que fue capaz de ver lo que allí había. Un lugar siniestro, un lugar frio, donde la vegetación seca y atormentada por un clima inhóspito hacia poco acogedor a ese lugar. Allí en medio de tanta vegetación se alzaba un gran árbol, con una envergadura inimaginable, en el cual se contemplaba las últimas palabras grabadas en la corteza de aquel árbol de las pobres almas, como un último intento de dar constancia de que habían existido.

En la corteza se podía observar un sinfín de nombres, te quiero, te amo y demás sentimientos que perdurarían ahí hasta el fin de los días. Unos metros más adelante había un pequeño pozo en el cual las pobres almas infelices reconocían que la dulce melodía que desde tan lejos les había llamado salía de su interior. Un pozo profundo en el cual no se sabía si tenía fin, un pozo en el cual podías oír voces que te recordaban a la vida que tenías, voces que te habían impulsado a recorrer ese largo camino. Las pobres almas al oír esos susurros de su ser querido alargaban la mano al interior del pozo para intentar recuperarlo y pasar la eternidad junto a él, que finalmente resbalaban y caían en su interior. Los más valientes que se acercaron a ese lugar dicen que a día de hoy se oyen dulces melodías, dulces canciones de amor que aguardan ahí hasta que la persona correspondida pueda volver a oírlas.

La Sombra (Relato)

Septiembre 16, 2008

El universo lleno de un inmenso vacío negro repleto de estrellas, planetas, agujeros negros y otros fenómenos astrológicos de los cuales los humanos aún desconocemos. El mundo visto desde el espacio es azul, un azul intenso que se aclara con el blanco de las nubes. En una parte del mundo nace el sol iluminando el día a millones de habitantes y en su cara opuesta fallece dejando el mundo en las sombras de la ancestral noche, en la que millones de habitantes yacen durmiendo para combatirla y algunos pocos se atreven a retarla festejando sin parar. Una pequeña ciudad llamada Lake City de unos miles de habitantes que duerme como de costumbre la clara noche iluminada por la luna llena, una luna que hace visible la noche del resplandor que refleja. En una casa a las afueras de la ciudad vive la familia Wellraid que aun no duermen pero muy pronto lo harán.

- Buenas noches princesita-dijo el señor Jones Wellraid sonriendo-.
- ¡Buenas noches papa! ¡Buenas noches mama!
- Buenas noches cariño y ahora duerme y descansa que mañana va ser un gran día y tienes que reponer fuerzas-dijo la señora Rose Wellraid-. Un beso, te quiero mucho.
- Yo también a ti, un beso para ti y otro para papa.
- Un beso a ti princesita. Que tengas dulces sueños.

La niña cerró lentamente los ojos y se durmió en un profundo sueño mientras tanto los padres se quedaron mirándola.

- Quien nos iba a decir cariño que íbamos a tener una hermosa hija, venga vamos a dormir que ya es tarde y mañana va a ser un largo día, a si que no nos entretengamos más y vamos a dormir.
- Si, ya es hora, yo también tengo un poco de sueño-Dijo Rose bostezando-.

La familia Wellraid se fue a dormir, como si fuera una noche cualquiera pero no era una noche como las otras ya que algo iba a irrumpir esa rutina.

Pasaron las once de la noche y las doce, todos los miembros de la familia Wellraid dormían felices. De pronto sonó un sonido sordo, pero nada ni nadie se inmutó. Otro sonido sonó pero aún más fuerte, de repente la pequeña hija de los Wellraid se despertó abrió sus pequeños ojos se los frotó y los volvió a abrir. El extraño ruido volvió a sonar. La niña se levantó de la cama lentamente sin hacer ruido y gateó hasta la ventana. Cuando llegó a ella la abrió lentamente y sacó su pequeña cabeza para observar de donde provenía ese extraño ruido. Miró alrededor y no consiguió distinguir nada claro ya que la todo al anochecer se confundía en un entramado de sombras que hacía imposible distinguir unas de otras.

De repente sonó otra vez el ruido y esta vez procedía del pórtico de la casa. Se sobre saltó al oír el sonido y se golpeó su cabeza con el marco de la ventana, metió la cabeza dentro de la habitación y de sus pequeños ojos salieron varias lagrimas que le recorrieron toda la cara, pero aguantó el llanto no quiso llorar para que sus padres no se despertaran. Se limpió las lágrimas con un pañuelo y su curiosidad le animó a investigar el extraño ruido.

Comenzó a andar en dirección a las escaleras que unían el primer piso con la planta baja pero para llegar a ellas tenía que pasar por delante de la habitación de sus padres. Comenzó a andar de puntillas y muy lentamente fue esquivando las pequeñas maderas del suelo levantadas que al pisarlas resonarían y despertaría a sus padres. Llegó a la puerta de la habitación de sus padres y se paró, asomó la cabeza muy lentamente y observó que aún dormían plácidamente sin inmutarse por aquellos extraños ruidos, así que prosiguió su camino hasta llegar a las escaleras.

Llegó a las escaleras y comenzó a bajarlas muy lentamente, contenía la respiración y cada escalón a bajar parecía un reto imposible. Finalmente llegó al final de las escaleras descanso unos instantes y cogió aire para proseguir. En frente tenía la puerta que daba al pórtico y a la derecha de la puerta una ventana. Cogió aire y se acercó a la ventana muy lentamente se armó de valor y se asomó. De repente una sombra negra se puso delante de ella con unos ojos rojizos de penetrante mirada. La niña se asustó y se echo hacía atrás cayendo al suelo y la sombra desapareció. La niña se levantó otra vez y se volvió a asomar por la ventana y vio al fondo de la llanura que rodeaba la casa como una sombra de estatura media se adentraba en el bosque.

La niña se quedó mirando unos instantes a la sombra hasta que se adentró en el bosque. Continuó mirando el bosque hasta que decidió aventurarse y adivinar que era esa cosa. Quitó el pestillo de la puerta principal de la casa y giró la llave hasta sentir el clic de la puerta que era la señal que significaba que la puerta estaba abierta. La abrió muy lentamente y asomó su cabeza. Miró a la izquierda y volvió la cabeza a la derecha y vio que no había nada, dudo unos instantes y finalmente salió. Cerró lentamente la puerta hasta dejarla entreabierta para más tarde volver y poder entrar.

Comenzó a andar dejando atrás el pórtico, cada vez andaba más rápido. Cruzó el llano guiada por la claridad de la luna llena hasta llegar al bosque en el cual había entrado la extraña sombra. Dudó unos instantes antes de entrar ya que la oscuridad del bosque la intimidaba. Miró al cielo vio la reluciente luna, y decidió entrar en el inmenso bosque guiada por la claridad de la luna.

Cuando ya había entrado comenzó a investigar el inmenso bosque que se conocía como la palma de su mano, ya que a sus siete años de edad cada día iba y jugaba en él. Comenzó a adentrarse lentamente en el bosque siguiendo la ruta que los sonidos le iban indicando, el camino cada vez era más sinuoso, la luz de la luna se filtraba entre los pequeños huecos que dejaban pasar las entrelazadas ramas de las grandes copas de los árboles, pobladas por miles de hojas verdes durante el día, y tenebrosas durante la noche. De tanto en tanto se oía a un búho cantar o a algún otro animal, pero lo que más inquietaba a la pequeña era el susurro del viento chocando con las hojas de los árboles. Cada vez se filtraba menos luz de la clara luna, era como un viaje hacía las tinieblas sin retorno. El aire cada vez chocaba más fuerte contra las copas de los árboles desatando su ira o quizás intentando asustar a la niña para que huyese ya que se presentía que algo malo iba a suceder.

Al cabo de un rato a la pequeña le comenzó a surgir miedo de su interior un miedo que intentaba ocultar pero le era cada vez más imposible ya que una parte de su cuerpo quería conocer la respuesta a ese extraño ser, pero la otra quería volver. Finalmente la curiosidad fue vencida y decidió volver, el camino parecía muy diferente al de siempre no lo recordaba tal y como ella lo conocía. Intentó recordar el camino de regreso a casa pero no se acordaba muy bien así que decidió volver por el mismo sitio por donde había venido, pero no le resulto tan fácil, era como si el bosque estuviera jugando con ella engañándola, confundiéndola, pero no encontraba el camino de regreso a casa por más que lo intentaba.

Comenzó a correr en todas direcciones para ver si podía recordar algún punto singular de ese bosque donde hubiese una marca o algún tipo de señal que la reconfortara y le mostrase el camino de vuelta a casa, pero no había ninguna señal. Tropezaba, caía, se arañaba… se iba lastimando poco a poco hasta que el pánico le dominó.

Tanto correr de un lado a otro llegó a un claro del bosque, como si fuera el corazón del mismo bosque, un claro donde se filtraba toda la luz que la luna desprendía. Se sintió un poco mejor ya que ahora la suerte le había sonreído y ahora veía. Comenzó a mirar hacía todas las direcciones y no conseguía ver nada, más allá del claro, no se podía distinguir nada, solo los árboles más cercanos, más allá de estos árboles gobernaba la oscuridad.

Se sentó en el suelo agarrada de sus rodillas, cuando de repente oyó un sonido detrás de sí misma se giró y vio unos ojos rojos que la acechaban, se levantó comenzó a andar de espaldas y volvió a oír otro chasquido que provenía de sus espaldas. Giró de nuevo y vio otros enormes ojos rojos con una mirada penetrante. El terror la paralizó la dejó sin habla, intentaba llorar pero de sus ojos no salía lágrima ninguna, intentaba chillar para pedir socorro pero de su boca no salía ningún sonido, tropezó cayó al suelo de espaldas vio delante la luna llena miró a los lados y vio cada vez más miradas que la acechaban. De pronto la luna falleció todo el cielo se volvió negro algo saltaba de árbol en árbol eran miles y miles o eso parecía, las miradas de los alrededores comenzaban a acercarse más y más. De repente en la tranquila noche se oyó un grito estremecedor el último grito de la pequeña que resonó por todo los alrededores del bosque.

Aquel grito estremeció a todo el pueblo que dormía plácidamente como cualquier otro día. La familia Wellraid se despertó y vio que su pequeña hija no estaba. El señor Wellraid salió a buscarla mientras que su esposa llamaba a la policía. Todo el pueblo se volcó en su búsqueda, pero la niña jamás apareció, solo encontraron una zapatilla perteneciente a la niña y un lazo que ondeaba en el aire al quedarse atrapado en una rama. Dentro de la zapatilla se encontró una nota que decía:

No busquéis lo que no puede ser encontrado,
no luchéis por una causa perdida
no formuléis preguntas las cuales carecen de respuesta,
no tengáis miedo a lo desconocido,
ya que no sabéis si la muerte es una maldición o una bendición.