Archivos de la categoría ‘Destellos en la oscuridad’

Capítulo I

Marzo 2, 2008

Cada día se que es diferente del anterior pero a veces tengo la sensación de que es igual, de que nada varia, de que la rutina hace que mi vida se amuerme, pero hoy tengo la sensación de que va a ser un día diferente de que mi vida va a dar un gran giro y espero que esta vez sea realidad.

Me levanto como cada mañana me miro al espejo y me digo:

- Gabriel, sabes que hoy va a ser diferente. Sabes que serás un futuro medico y eso está bien valorado. El día de mañana te casarás, tendrás un trabajo digno y una familia que te querrá… o eso espero…

Comienza a sonar el teléfono de fondo, corro a prisa antes de que cuelguen.

- ¿Diga?… ¿Hola Juan que tal estas?… Uf… me pillas en un mal momento, llego tarde a la Uni… Si si dime rápido que me voy… Si… no te preocupes, iré sin falta… nos vemos allí… ¿vale?…Hasta luego…

Ya no me acordaba, esta noche tengo la fiesta que organiza marta en casa de sus padres… y encima es de disfraces… bueno por suerte tengo un smoking y un antifaz así que ya tengo disfraz.

………………………………………………………………………………………..
………………………………………………………………………………………..

- A sido un día agotador… la verdad que no me apetece ir a la fiesta pero ya que he venido hasta aquí… a más que le prometí a Juan que vendría y encima Marta organiza la fiesta. Mejor será que entre y no le dé más vueltas al tema.

Es una casa inmensa, solo con contemplarla te puedes hacer una idea de lo grande que debe ser. Seguro que cada habitación tiene un lavabo con todas sus comodidades, un salón con todos los lujos, una cocina de película, un hermoso jardín, con una enorme piscina,… entre otras cosas. Aquí estoy yo, plantado delante la casa y debatiendo conmigo mismo si entro o no. Finalmente miro al frente, me pongo el antifaz y decido entrar.

Apenas conozco a nadie y los disfraces tampoco me ayudan mucho a averiguar quién hay detrás. Cojo un poco de cerveza para beber y comienzo a dar vueltas a ver si veo a Juan o alguien conocido. Después de dar una cuantas vueltas me rindo y pienso que tal vez no haya llegado aún…. a más sabiendo lo impuntual que es Juan pues tampoco sé porque me preocupo. Voy a salir al jardín a intentar llamarlo para saber lo que tardará en llegar.

Ya en el jardín cojo el teléfono, busco el número de Juan y lo marco:

- ¡Venga Juan cógelo!… mira qué hora es y aun no has llegado… y este tío le estoy llamando y no me lo coge. Lo volveré a intentar a ver… mmmmm… nada que no hay manera. Seguramente está conduciendo y no me lo coge… esperare un rato y si no pues volveré a llamar.

Mejor me quedaré aquí en el jardín esperando a que el llegue, seguro que cuando llegue y no me vea me llamará, él sabe que yo soy muy puntual. Mientras tanto daré una vuelta por el jardín.

El jardín es inmenso, rodea toda la casa, tiene de todos los tipos de flores y plantas que la verdad no tengo ni idea de cuáles deben ser. Yo de flores la verdad que no entiendo, más allá de una rosa me pierdo, pero la verdad que he de reconocer que el jardín es precioso y está muy bien cuidado.

La luna llena ilumina el hermoso jardín que junto las pequeñas gotas de rocío hace que las flores brillen dándole un toque mágico a esta noche. La verdad que me siento muy relajado, pero a la vez nervioso,… no sé qué me pasa… volveré a la casa a tomarme algo.

Miro arriba sobre la terraza que comunica con el jardín y veo a una chica… al mismo tiempo ella me devuelve la mirada. Verla a ella, iluminada por la cálida luz de la luna la hace más hermosa. Tiene el pelo largo y rubio oscuro, su mirada es dulce con sus ojos claritos y una sonrisa perfecta. Nos miramos fijamente sin parpadear, subo las escaleras sin apartar la mirada. Su mirada me sigue y cuando estoy delante de ella, por todo mi cuerpo recorre una rara sensación que no se explicar que es. Tengo la sensación de que la he visto antes pero no recuerdo donde. Me resulta tan familiar… como si la conociera de antes… la mirada prosigue y nadie se atreve a decir nada.

Finalmente me dice:

- Te esperaba, has tardado en llegar.

- ¿Me esperabas?

- Sí… toda la vida… No me digas tu nombre, se quién eres…

- Sí,… soy la parte de tu alma que te faltaba.

Prólogo

Diciembre 9, 2007

Me llamo Gabriel, soy un chico normal y corriente, pero a veces tengo la sensación de que mi misión en este mundo es especial. No sé porque lo pienso, pero a veces me siento diferente a todo el mundo, siento como si no encajara en esta sociedad.

No sé cómo explicar la sensación que tengo, ni sé cómo explicar por qué pasa, pero simplemente pasa. Cada cierto tiempo tengo una especie de sueño por llamarlo de alguna manera, a veces dudo que sea un sueño porque todo empieza estando muy despierto.

A veces cuando voy a dormir me siento extraño y confuso, tengo la sensación de que soy insignificante y a la vez especial. Es como si se estuviera preparando el terreno para lo que vendrá después.

Es difícil explicar la sensación, es como si a la vez te sintieras pequeño y a la vez grande. Esto me provoca entrar en una fase como si todas las leyes de la realidad se distorsionaran y todo ello pasa estando despierto.

De repente aparezco en una especie de juego dentro de un tablero inmenso, a lo lejos diviso a mi adversario no lo veo con claridad simplemente veo su sombra y algunos rasgos de su cara que me hacen saber que siempre me enfrento a él, se que él no me puede ver. Mi adversario es un hombre de unos cuarenta años aproximadamente, calvo, con una cicatriz en la mejilla izquierda y un pendiente muy peculiar. No sé como describir ese pendiente pero es una serie de aros concéntricos que nunca tienen fin, dentro de cada aro hay otro más pequeño y así hasta que la vista no te permite ver más pero sabes que hay un nuevo aro y que nunca acaban.

El tablero del juego es como una especie de laberinto, en el cual las paredes son montañas de arena, yo empiezo en un lado con un pequeño montoncito de arena en mis manos y tengo que encontrar la salida del laberinto. Me muevo despacio con mi montoncito de arena sin hacer el menor ruido que pueda hacer que mi adversario me encuentre, pero eso no es suficiente ya que su agudeza para localizarme va más allá de los límites humanos. Él a mi paso intenta que esas montañas de arena me entierren, para así finalizar la partida y hacer que yo junto a mi montoncito desaparezcamos para siempre. El juego que empieza lentamente cada vez se va acelerando más y más, la tensión es tanta que hace que el juego se vuelva vertiginoso, hasta que finalmente siempre acabo en el fondo de la arena, y siento la escalofriante risa de ese ser, riéndose porque una vez más me ha derrotado.

De repente me despierto con la sensación de que he tenido una pesadilla, pero luego empiezo a dudar. ¿Ha sido un sueño o ha pasado en realidad? Sé que finalmente me he despertado, pero también sé que cuando empezaba el juego estaba completamente despierto.

¿Por qué sueño esto? ¿Quién es ese hombre? ¿Y qué quiere de mí?